Las 10 reglas de oro para la convivencia

Las 10 reglas de oro son una propuesta práctica para mejorar la convivencia en distintos espacios y evitar así que se llegue a situaciones incómodas. Es una herramienta que tiene como objetivo concienciar sobre aspectos básicos de convivencia y resolución de conflictos.

A continuación se presentan las 10 reglas de oro y su explicación. Estas 10 reglas son una herramienta en continua evolución que está abierta a sugerencias y propuestas de mejora. A través de este formulario puedes expresar tus apreciaciones. No dudes en hacernos llegar cualquier otro comentario a info@violenciacero.org

Esta herramienta se ha creado gracias a la colaboración del Grupo de Apoyo de la Alianza, del Ayuntamiento de Telde y de alumnas y alumnos de Inserción Social del IES Tony Gallardo en Las Palmas de Gran Canaria.

1. Cuido. Mantengo una actitud de cuidado conmigo, con las personas que me rodean y con el planeta y sus seres vivos. Respeto las diferencias, trato al resto como me gustaría que me tratasen a mí y procuro servir de ejemplo.

2. Aprendo. A reconocer aquello que me incomoda, a poner en práctica técnicas de comunicación y actitudes de respeto, así como a ponerme en el lugar de la otra persona (empatía).

3. Comunico. Cuando tengo alguna incomodidad con alguien intento comunicarme con esa persona primero, si está abierta al diálogo.

4. Pongo límites. Cuando algo me resulta incómodo valoro si es el momento de poner límites que me cuiden y sean respetuosos.

5. Soluciono. Busco fórmulas para el crecimiento y el aprendizaje en el conflicto. Si la situación se complica busco ayuda imparcial en mi entorno.

6. Distingo. Aprendo a diferenciar las actitudes de cuidado y protección de las violentas y de control.

7. Freno. No permito actitudes violentas dirigidas hacia mí o que se desarrollen en mi entorno. 

8. Evito utilizar acciones violentas. Si lo hago, lo reconozco y trato de compensar el daño generado.

9. Actúo. Ante el maltrato y el abuso no actuar sólo beneficia a quien más daño hace. Aprendo a distinguir un conflicto de un abuso y no permito este último.
10. Pido ayuda especializada. Cuando no sé cómo actuar busco ayuda profesional capacitada y actualizada.

Explicación de las 10 reglas

El decálogo está dividido en dos partes, las 5 primeras reglas han sido diseñadas para servir de guía en cualquier relación que se desarrolle en un clima saludable, las 5 siguientes plantean cómo abordar situaciones más complejas de conflicto o abuso.

  1. Cuido. Para que exista una convivencia saludable es necesario aprender a cuidarnos, a cuidar a las personas que nos rodean y al propio entorno en el que vivimos. «Me cuido, Te cuido, Cuidamos» son los 3 pasos que proponemos para generar cultura del cuidado. Queremos tomar conciencia de que tener una actitud de vida de cuidar y proteger es una forma de mejorar la convivencia y nos ayuda a dar pasos para una sociedad más saludable y motivante.
  2. Aprendo. Nuestras creencias pueden ser un límite a la convivencia si no aceptamos que pueden existir unas ideas distintas a las nuestras que pueden ser incluso más acertadas. La actitud de aprender nos permite situarnos en una posición que fomenta el diálogo y el crecimiento mutuo. Nunca se sabe lo suficiente y nunca se deja de aprender. Aprender a identificar lo que nos molesta y por qué, a expresar lo que sentimos, lo que necesitamos y lo que pedimos respetando los límites de la otra persona es un gran reto que ofrece importantes beneficios para todas las partes. La escucha activa, la comunicación asertiva o la comunicación no violenta ofrecen técnicas muy interesantes para avanzar en este aspecto.
  3. Comunico. Dice el refrán que «Hablando se entiende la gente». Si hay voluntad de entenderse y cooperar así es sin duda. Por eso es tan importante compartir las incomodidades con la persona o personas que han hecho algo que nos ha generado esa sensación. En los conflictos es importante hablarlo directamente entre las partes y no triangular, es decir, hablar con terceros para posicionarlos a nuestro favor, ya que podría no ayudar, incluso agravar la situación. De hecho, la triangulación es una forma de violencia psicológica en la que intentamos posicionar a gente en contra de otra sin que la persona cuestionada sea consciente ni tenga posibilidad de defenderse. Los rumores son un buen ejemplo de este tipo de acciones hostiles. Sí es cierto que es posible que necesitemos hablarlo primero con alguien que nos ayude a analizar los argumentos para conseguir un mejor entendimiento. Es importante que esa tercera persona nos pueda acompañar buscando la imparcialidad. Los problemas que no se hablan no se resuelven, aún así, es importante respetar los límites de la otra persona si no quiere hablar sobre el tema. En este caso hay que asumir que la relación quedará tocada pero habremos hecho lo que estaba en nuestra mano para mejorarla.
  4. Pongo límites. Aprender a detectar la incomodidad es una gran ayuda a la convivencia porque nos permite cuidarnos. Reconocer y respetar nuestros límites es imprescindible para poder dar el siguiente paso, el de cuidar al resto. Cuidar el «no cuidado» es un gran reto, es decir, no expresar nuestra incomodidad o hacer que aumente por no generar incomodidad en la otra parte. Esta situación puede mantenerse un tiempo, generando tensión, pero hay que tener presente que no nos cuida y es imprescindible cuidarse para poder cuidar. Evidentemente, resulta incómodo, tanto poner un límite, como recibirlo, pero es básico en el esquema de «Me cuido, Te cuido, Cuidamos». Aprender a recibir límites de otra persona también es un gran reto para mejorar la convivencia.
  5. Soluciono. Es importante solucionar los problemas de convivencia para evitar tensiones y desconfianzas futuras. Los conflictos son una gran oportunidad para crecer como personas y aprender. Es posible que habiendo aplicado las reglas anteriores la convivencia no mejore. Es el momento de pedir ayuda a alguien que pueda ser imparcial y nos aporte otros puntos de vista.
  6. Distingo. Hay comportamientos apropiados para mantener relaciones saludables y comportamientos que pueden no ayudar incluso resultar muy perjudiciales. Es posible que veamos como normales acciones que realmente son hostiles o de dominación porque hemos convivido con ellas y, sin embargo, pueden no ser enriquecedoras para la convivencia sino todo lo contrario. Aprender a diferenciar las actitudes de cuidado y protección de las actitudes violentas y de control es otro de los grandes retos de nuestra sociedad. Para ello hemos creado el cuidómetro o manifiesto de convivencia (https://violenciacero.org/manifiesto/).
  7. Freno. Habiendo aprendido a identificar las acciones violentas no permito ninguna en mi presencia. Es importante que todo el grupo esté concienciado en identificar y para la violencia porque resulta mucho más fácil, rápido y efectivo con apoyo que en solitario. Ser testigo y no hacer nada solo beneficia a quien maltrata o abusa.
  8. Evito utilizar acciones violentas. Las acciones violentas no son una solución en una sociedad saludable. Para permitir esta sociedad que buscamos es importante que evitemos que la violencia se desarrolle. En algunos casos puede darse el caso que el cansancio, el hambre, el sueño o cualquier situación emocional complicada nos haga perder los nervios y mostremos una actitud hostil. Es muy importante en estos casos reconocer lo ocurrido, disculparnos con la parte afectada e intentar compensar el daño generado poniendo todos los medios a nuestro alcance para que no vuelva a ocurrir.
  9. Actuó. Si la violencia se da en nuestra presencia y se desarrolla, busco la mejor manera de actuar. Es muy importante aprender a diferenciar un conflicto de un abuso. El conflicto es un desacuerdo entre dos o más personas en el que cada parte puede tener sus razones legítimas. Puede intervenir una tercera persona llamada mediador o mediadora que actúa imparcialmente intentando solucionar el problema o el desacuerdo. En un abuso hay una parte que aplica violencia y otra que recibe. En el abuso se genera algún tipo de daño que puede ser tanto físico como psíquico y que, generalmente, tiene lugar y razón de ser gracias al poder que la parte que provoca o materializa el abuso tiene sobre aquella a la cual se lo produce. Por lo tanto, la existencia de una diferencia de poder puede ayudarnos a identificar la situación. La habilidad de la parte que abusa puede hacer creer que la víctima es responsable, culpable o se merece lo que le pasa, a esto se le conoce como “error básico de atribución” por lo que formarnos en la identificación del abuso resulta muy importante para no acabar defendiendo a la parte abusadora. Una vez diferenciado el conflicto del abuso no debemos permitir este último ya que no actuar solo beneficia a quien más daño hace. En un abuso se deben parar las agresiones puesto que no tienen justificación de ningún tipo. La mediación es muy útil en un conflicto pero hay que tener mucho cuidado de intentar aplicarla ante el abuso, puesto que no hay “punto medio” en una situación de maltrato. El abuso debe ser identificado y parado y eso pasa por aprender a identificar la violencia en todas sus formas.
  10. Pido ayuda especializada. Ante situaciones en las que no sabemos cómo actuar es importante contar con asesoramiento adecuado. La familia o las amistades pueden ofrecernos apoyo emocional y los especialistas pueden orientarnos respecto a los pasos a seguir desde el punto de vista médico, psicológico, jurídico o de comunicación. Aprender a escuchar al cuerpo suele ser muy útil para saber cuando ha llegado la hora de pedir ayuda, el insomnio, afecciones de barriga, de piel o preocupaciones recurrentes pueden ser síntomas de que la violencia está afectando a nuestra salud.